martes, 28 de febrero de 2012

un concurso para lectores

Axolotl

Texto: "Axolotl" por JULIO CORTAZAR



Hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los axolotl. Iba a verlos al acuario del Jardín des Plantes y me quedaba horas mirándolos, observando su inmovilidad, sus oscuros movimientos. Ahora soy un axolotl.
El azar me llevo hasta ellos una mañana de primavera en que París habría su cola de pavorreal después de la lenta invernada. Bajé por el bulevar de Port-Royal, tomé St. Marcel y L'Hópital, vi los verdes entre tanto gris y me acorde de los leones. Era amigo de los leones y las panteras, pero nunca había entrado en el húmedo y oscuro edificio de los acuarios. Dejé mi bicicleta contra las rejas y fui a ver los tulipanes. Los leones estaban feos y tristes y mi pantera dormía. Opté por los acuarios, soslayé peces vulgares hasta dar inesperadamente con los axolotl. Me quede una hora mirándolos y salí, incapaz de otra cosa.

En la biblioteca Sainte-Geneviéve consulte un diccionario y supe que los axolotl son formas larvales, provistas de branquias, de una especie de batracios del género Amblistoma. Qué eran mexicanos lo sabía ya por ellos mismos, por sus pequeños rostros rosados aztecas y el cartel en lo alto del acuario. Leí que se han encontrado ejemplares en África capaces de vivir en tierra durante los periodos de sequía y que continúan su vida en el agua al llegar la estación de las lluvias. Encontré su nombre español, ajolote, la mención de que son comestibles y que su aceite se usaba (se diría que no se usa más) como el de hígado de bacalao.

No quise consultar obras especializadas, pero volví al día siguiente al Jardín des Plantes. Empecé a ir todas las mañanas, a veces de mañana y de tarde. El guardián de los acuarios sonreía perplejo al recibir el billete. Me apoyaba en la barra de hierro que bordea los acuarios y me ponía a mirarlos. No hay nada de extraño en esto, por que desde un primer momento comprendí que estábamos vinculados, que algo infinitamente perdido y distante seguía sin embargo uniéndonos. Me había bastado detenerme aquella primera mañana ante el cristal donde unas burbujas corrían en el agua . Los axolotl se amontonaban en el mezquino y angosto (sólo yo puedo saber cuán angosto y mezquino) piso de piedra y musgo de acuario. Había nueve ejemplares, y la mayoría apoyaba la cabeza contra el cristal, mirando con sus ojos de oro a los que se acercaban. Turbado, casi avergonzado, sentí como una impudicia asomarme a esas figuras silenciosas e inmóviles aglomeradas en el fondo del acuario. Aislé mentalmente una, situada a la derecha y algo separada de las otras, para estudiarla mejor. Vi un cuerpecito rosado y como traslúcido (pensé en las estatuillas chinas de cristal lechoso), semejante a un pequello lagarto de quince centímetros, terminado en una cola de pez de una delicadeza extraordinaria, la parte más sensible de nuestro cuerpo. Por el lomo le corría una aleta transparente que se fusionaba con la cola, pero lo que me obsesionó fueron las patas, de una finura sutilísima, acabadas en menudos dedos, en uñas minuciosamente humanas. Y entonces descubrí sus ojos, su cara. Un rostro inexpresivo sin otro rasgo que los ojos, dos orificios como cabezas de alfiler, enteramente de un oro transparente, carentes de toda vida pero mirando, dejándose penetrar por mi mirada que parecía pasar a través del punto áureo y perderse en un diáfano misterio interior. Un delgadísimo halo negro rodeaba el ojo y lo inscribía en la carne rosa, en la piedra rosa de la cabeza vagamente triangular pero con lados curvos e irregulares, que le daban una total semejanza con una estatuilla corroída por el tiempo. La boca estaba disimulada por el plano triangular de la cara, sólo de perfil se adivinaba su tamaño considerable; de frente una fina hendidura rasgaba apenas la piedra sin vida. A ambos lados de la cabeza, donde hubieran debido estar las orejas, le crecían tres ramitas rojas como de coral, una excrescencia vegetal, las branquias, supongo. Y era lo único vivo en él, cada diez o quince segundos las ramitas se enderezaban rígidamente y volvían a bajarse. A veces una pata se movía apenas, yo veía los diminutos dedos posándose con suavidad en el musgo. Es que no nos gusta movernos mucho, y el acuario es tan mezquino; apenas avanzamos un poco nos damos con la cola o la cabeza de otro de nosotros; surgen dificultades, pelea, fatiga. El tiempo se siente menos si nos estamos quietos.

Fue su quietud lo que me hizo inclinarme fascinado la primera vez que vi los axolotl. Oscuramente me pareció comprender su voluntad secreta, abolir el espacio y el tiempo con una inmovilidad indiferente. Después supe mejor, la contracción de las branquias, el tanteo de las finas patas en las piedras, la repentina natación (algunos de ellos nadas con la simple ondulación del cuerpo) me probó que eran capaces de evadirse de ese sopor mineral en que pasaban horas enteras. Sus ojos, sobre todo, me obsesionaban. Al lado de ellos, en los restantes acuarios, diversos peces me mostraban la simple estupidez de sus hermosos ojos semejantes a los nuestros. Los ojos de los axolotl me decían de la presencia de una vida diferente, de otra manera de mirar. Pegando mi cara al vidrio (a veces el guardián tosía, inquieto) buscaba ver los diminutos puntos áureos, esa entrada al mundo infinitamente lento y remoto de las criaturas rosadas. Era inútil golpear con el dedo en el cristal, delante de sus caras; jamás se advertía la menor reacción. Los ojos de oro seguían ardiendo con su dulce, terrible luz; seguían mirándose desde una profundidad insondable que me daba vértigo.

Y sin embargo estaban cerca. Lo supe antes de esto, antes de ser un axolotl. Lo supe el día en que me acerqué a ellos por última vez. Los rasgos antropomórficos de un mono revelan, al revés de lo que cree la mayoría, la distancia que va de ellos a nosotros. La absoluta falta de semejanza de los axolotl con el ser humano me probó que mi reconocimiento era válido que no me apoyaba en analogías fáciles. Sólo las manecitas... Pero una lagartija tiene también manos así, y en nada se nos parece. Yo creo que era la cabeza de los axolotl, esa forma triangular rosada con los ojillos de oro. Eso miraba y sabía. Eso reclamaba. No eran animales.

Parecía fácil, casi obvio, caer en la mitología. Empecé viendo en los axolotl una metamorfosis que no conseguía anular una misteriosa humanidad. Los imagine conscientes, esclavos de su cuerpo, infinitamente condenados a un silencio abisal, a una reflexión desesperada. Su mirada ciega, el diminuto disco de oro inexpresivo y sin embargo terriblemente lúcido, me penetraba como un menaje: "Sálvanos, sálvanos". Me sorprendía musitando palabras de consuelo, transmitiendo pueriles esperanzas. Ellos seguían mirándome, inmóviles; de pronto las ramillas rosadas de las branquias se enderezaban. En ese instante yo sentía como un dolor sordo; tal vez me veían, captaban mi esfuerzo por penetrar en lo impenetrable de sus vidas. No eran seres humanos, pero en ningún animal había encontrado una relación tan profunda conmigo. Los axolotl eran como testigos de algo, y a veces como horribles jueces. Me sentía innoble frente a ellos; había una pureza tan espantosa en esos ojos transparentes. Eran larvas, pero larva quiere decir máscara y también fantasma. Detrás de esas caras aztecas, inexpresivas y sin embargo de una crueldad implacable, ¿ qué imagen esperaba su hora ?.

Les temía. Creo que no haber sentido la proximidad de otros visitantes y del guardián, no me hubiese atrevido a quedarme solo con ellos. "Usted se los come con los ojos", me decía riendo el guardián, que debía suponerme un poco desequilibrado. No se daba cuenta que eran ellos los que me devoraban lentamente por los ojos, en un canibalismo de oro. Lejos del acuario no hacía más que pensar en ellos, era como si me influyeran a distancia. Llegué a ir todos los días, y de noche los imaginaba inmóviles en la oscuridad, adelantando lentamente una mano que de pronto encontraba la de otro. Acaso sus ojos veían en plena noche, y el día continuaba para ellos indefinidamente. Los ojos de los axolotl no tienen párpados.

Ahora sé que no hubo nada de extraño, que eso tenía que ocurrir. Cada mañana, al inclinarme sobre el acuario, el reconocimiento era mayor. Sufrían, cada fibra de mi cuerpo alcanzaba ese sufrimiento amordazado, esa tortura rígida en el fondo del agua. Espiaban algo, un remoto señorío aniquilado, un tiempo de libertad en que el mundo había sido de los axolotl. No era posible que una expresión tan terrible que alcanzaba a vencer la inexpresividad forzada de sus rostros de piedra, no portara un mensaje de dolor, la prueba de esa condena eterna, de ese infierno líquido que padecían. Inútilmente quería probarme que mi propia sensibilidad proyectaba en los axolotl una conciencia inexistente. Ellos y yo sabíamos. Por eso no hubo nada de extraño en lo que ocurrió. Mi cara estaba pegada al vidrio del acuario, mis ojos trataban una vez más de penetrar el misterio de esos ojos de oro sin iris y sin pupila. Veía muy de cerca la cara de un axolotl inmóvil junto al vidrio. Sin transición, sin sorpresa, vi mi cara contra el vidrio, en vez del axolotl vi mi cara contra el vidrio, la vi fuera del acuario, la vi del otro lado del vidrio. Entonces mi cara se apartó y yo comprendí.

Sólo una cosa era extraña: seguir pensando como antes, saber. Darme cuenta de eso fue en el primer momento como el horror del enterrado vivo que despierta a su destino. Afuera, mi cara volvía a acercarse al vidrio, veía mi boca de labios apretados por el esfuerzo de comprender a los axolotl. Yo era un axolotl y sabía ahora instantáneamente que ninguna comprensión era posible. Él estaba fuera del acuario, su pensamiento era un pensamiento fuera del acuario. Conociéndolo, siendo él mismo, yo era un axolotl y estaba en mi mundo. El horror venía -lo supe en el mismo momento- de creerme prisionero en un cuerpo axolotl, transmigrado a él con mi pensamiento de hombre enterrado vivo en un axolotl, condenado a moverme lúcidamente entre criaturas insensibles. Pero aquello cesó cuando una pata vino a rozarme la cara, cuando moviéndome apenas a un lado vi a un axolotl junto a mí que me miraba, y supe que también él sabía , sin comunicación posible pero tan claramente. O yo estaba también en él, o todos nosotros pensábamos como un hombre, incapaces de expresión, limitados al resplandor dorado de nuestros ojos que miraban la cara del hombre pegada al acuario.

Él volvió muchas veces, pero viene menos ahora. Pasa semanas sin asomarse. Ayer lo vi, me miró largo rato y se fue bruscamente, Me pareció que no se interesaba tanto por nosotros, que obedecía a una costumbre. Como lo único que hago es pensar, pude pensar mucho en él. Se me ocurre que al principio continuamos comunicados, que él se sentía más que nunca unido al misterio que lo obsesionaba. Pero los puentes están cortados entre él y yo, por que lo que era su obsesión es ahora un axolotl, ajeno a su vida de hombre. Creo que al principio yo era capaz de volver en cierto modo a él -ah, sólo en cierto modo- y mantener alerta su deseo de conocernos mejor. Ahora soy definitivamente un axolotl, y si pienso como un hombre es sólo porque todo axolotl, piensa como un hombre dentro de su imagen de piedra rosa. Me parece que de todo esto alcancé a comunicarle algo en los primeros días, cuando yo era todavía él. Y en esta soledad final, a la que él ya no vuelve, me consuela pensar que acaso va a escribir sobre nosotros, creyendo imaginar un cuento va a escribir todo esto sobre los axolotl
 

 http://besosnocturnos.files.wordpress.com/2011/03/ajolote1.jpg

miércoles, 22 de febrero de 2012

Xavi Castillo


Veriueu-ho (11) hòsties i samarretes www.youtube.com

corrupción en la comunidad valenciana

http://www.lasexta.com/lasextaon/lasextacolumna

dimarts 21 de febrer de 2012

Més reflexions sobre la revolta del Vives

En l’entrada anterior vaig intentar explicar una mica els factors que hi ha en l’origen de la revolta del Vives. Ara voldria parlar de l’altra cara de la moneda: la repressió policial. Ahir, i fins ben entrada la nit, la ciutat de València va ser un caos de talls de trànsit, corregudes, càrregues de la policia, sirenes dels furgons i el soroll sinistre de l’helicòpter sobrevolant el centre de la ciutat a molt poca altura. Cap a la nit, les protestes es van estendre al campus universitari de Blasco Ibáñez. Em va venir al cap aquell aforisme de Joan Fuster: «Ser perseguit, és ja una victòria.» 
S’ha parlat d’actuació “desproporcionada” de la policia. Caldria dir les coses pel seu nom: es tracta de “brutalitat” i “salvatgisme”. Van agredir tothom. El diputat de Compromís al Congrés, Joan Baldoví, que es va acostar al Vives per interessar-se per la nostra situació, també va rebre. Curiosament, o no, l’ús de la violència per part de la policia va anar acompanyat d’una exhibició d’ineficiència total. Uns tres-cents estudiants només els van fer anar de corcoll (de “puto culo”, dirien els meus alumnes) durant tota la vesprada. 
Evidentment, hi ha una pregunta que es fa tot el món i que no és fàcil de contestar. Quina és la raó d’aquesta violència extrema per part de la policia? Es tracta d’una mena d’assaig general davant de tot el que se’ns ve damunt? ¿Un avís del que pot passar si la gent no es comporta dòcilment, com fins ara? No estan defensant la legalitat, sinó simplement que quede clar qui mana. Per a “ells”, la legalitat no és més que una extensió de la porra. El problema o el pecat ja no és el tall del trànsit, sinó la insolència i el mal exemple dels estudiants. Però què s’han pensat? És que encara no han après en quin país viuen?

dissabte 18 de febrer de 2012

La revolta del Vives

Un alumne, Miquel, em pregunta per què no dic res en la serp blanca de les mobilitzacions que estan duent a terme els estudiants de l’IES Lluís Vives. Li conteste que no pensava fer-ho, perquè tant els mitjans de comunicació com la xarxa se n’estan fent ressò i jo poca cosa puc aportar-hi des d’un bloc literari. Ràpid de reflexos, em va assenyalar, en to de retret, que no tot ha de ser literatura. He de reconèixer que em va encertar el punt feble. 
Abans de dir alguna cosa sobre aquestes mobilitzacions, voldria explicar-vos dues característiques del Vives, que ajudaran a entendre una mica el que està passant a tots els qui no treballeu o estudieu en aquest centre. La primera és que la majoria del seu alumnat és molt bo acadèmicament. És intel·ligent i responsable. Tot plegat fa que reaccionen de seguida contra les barbaritats que altres troben normals o secundàries. L’altra característica, decisiva, és que el Vives està situat en un dels punts més cèntrics de la ciutat de València, al costat del carrer Xàtiva, enfront de l’Estació del Nord i de la plaça de bous. Això vol dir que qualsevol “incident” que ocorre al Vives té un ressò immediat. Si de tallar el trànsit es tracta, l’emplaçament de l’institut és senzillament immillorable. Tallar el trànsit al carrer Xàtiva significa crear en un no res el caos circulatori al centre de la ciutat. Les xarxes socials han fet la resta.

un blog de literatura

http://laserpblanca.blogspot.com/

martes, 21 de febrero de 2012

Una compañera del curso 20011

Aunque ya no esté en el Baleares me he acordado de esta página y la verdad me gustaría publicar algo de lo sucedido estos días por aquí , por valencia ya que tiene que ver con institutos y alumnos.

Esta semana pasada, he estado acudiendo a las manifestaciones que se hacen en el Lluís Vives. Después de todo lo que he visto no entiendo como no hacemos algo más todos los centros y nos sumamos a las sentadas en contra de las desmesuradas cargas policiales.

El pasado miércoles, salieron los alumnos a hacer la sentada como todas las semanas. Pero los anti-disturbios comenzaron a cargar contra jóvenes de entre 12 y 17 años, a parte de sus profesores.

Aquí comenzaron las primeras detenciones.

De las cuales he podido hablar con gente presente y uno de los denunciados fue por pedir números de placa, otra chica por decirle a un policía que dejase de pegar a su amiga, ya en el suelo, y otro de ellos por lo mismo, defender a un amigo. A este al meterlo en el furgón, le pegaron tres guantazos añadiendo un         " moro de mierda" ya que tiene rasgos de otro país.

Las denuncias a algunos de estos, fueron entregadas a las 12 de la noche por la nacional.

Al día siguiente los alumnos, padres, y profesores volvieron a manifestarse, esta vez por la desmesurada carga policial. A lo que las fuerzas de "seguridad" respondieron prácticamente igual que el día anterior.

Y nuevamente con una violencia desmesurada volvieron golpear a los presentes. A lo que respondimos quedándonos ahí aguantando hasta que dejaron de hacerlo, otra vez, con mas detenidos. Mas tarde intentamos ir hacia ruinas de colón


http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/02/18/valencia/1329586446_347417.html

diccionario de sinónimos y antónimos

 En esta dirección podéis acceder al diccionario de antónimos y sinónimos
multimania.es/caselmolino/index.htm




También hay un diccionario de frases hechas
¿Alguien lo busca y publica el enlace?


Y el DRAE? Lo mismo.

martes, 7 de febrero de 2012

CUENTO EN CADENA

Amores perdidos


El fantasma la visitaba algunas tardes, también en los amaneceres casi nunca en la noche.

Magdalena oía el ruido de sus pasos, pero no sentía miedo, no tenía esa sensación de pánico que sueles tener cuando adviertes una presencia, más bien sentía protección como si fuese su ángel de la guarda. Sin embargo, se preguntaba una y mil veces porque no aparecía casi nunca por las noches como todos los fantasmas. (Jota)

Un día decidió sorprenderle y hablar con él. Cuando apareció  le planteó sus dudas:
- ¡Fantasma!, ¿Por qué  nunca vienes a visitarme por la noche como lo haría cualquier otro espíritu?
Éste sorprendido de que le hablase y no le tuviese miedo, respondió:
- Odio la oscuridad, por eso no salgo por la noche, pero tú, te has preguntado por qué no me temes.  (Lidia)

La joven le contestó:
-No me aterran los fantasmas como a todo el mundo, pienso que son personas conocidas o familiares muertos, ¡no tienen por qué perjudicarme!
Aquella noche, en cambio, se encontró con un espectro diferente al que le preguntó con coquetería:
- ¿Y tú? ¿Vienes sólo por las noches?
- ¿Quieres saberlo? Hay una diferencia entre fantasmas claros y espectros oscuros. Mañana nada más se ponga el sol, te lo explicaré. (Gloria)

La muchacha  se fue a dormir esperando, ansiosa, que su aparición diurna volviera a visitarla para contarle la novedad de la noche anterior.
No más llegar el amanecer saltó de su cama y fue hacía el salón principal  en busca de su ángel de la guarda. Se sentó y sintiéndolo al lado le confió el secreto.
 El espíritu preocupado le dijo:
 -Esta noche, sin falta, volveré aunque le tema a la oscuridad. Ella se sintió halagada, sin razón aparente.
Al llegar la noche rayos y truenos invadían los cielos, llegaba el emocionante momento de que un fantasma bueno se enfrentaría a un espectro oscuro.
Y, en efecto, ambos se miraron con ojos de furia pero el espectro se abalanzó rápidamente sobre el… (Alejandra)

fantasma para agredirle, aunque fuera del todo imposible entre seres inmateriales. Entonces el buen espíritu exclamó entre risas:
-         Pero, Waldo. ¡Si en vida éramos buena gente! ¿Cómo te has convertido en esta mala aparición ¿Es que no te acuerdas de mí? Soy Ruperto.
-         ¿Qué?
Waldo, que así se había llamado en otro tiempo, tardó unos instantes en reconocer a Ruperto y rompió en sollozos.


Así fue como Madalena comprendió de pronto que …(José Roca)

Waldo, el cruel y Ruperto, el adorable, habían sido íntimos amigos a pesar de sus diferencias.
Mientras Ruperto reflexionaba cada palabra que salía de su boca, Waldo resultaba incomprensible, incapaz de expresar sus emociones y por esa razón, un gran rencor le había carcomido por dentro hasta el día terrible en que atentó contra la vida de Ruperto, asesinándole. A causa de la culpa, al poco tiempo, había muerto él también por su propia mano.

Pero ¿y Magdalena? ¿Por qué se sentía culpable?  ….. (Mabel)

Entonces pudo recordar, primero vagamente, su casamiento con Waldo en otro tiempo y luego, con gran claridad, la traición.

Le venían imágenes antiguas: ella, bellísima en un baile, entreteniéndose tan sólo, con insinuaciones mínimas a Ruperto, después las sonrisas a escondidas. Hasta que, enredados ambos en la red del juego peligroso, una noche fatídica Waldo los sorprendió amándose y cometió el delito. Después sobrevino el suicidio de Ruperto , y a continuación, fulminante, su culpable olvido.

Ahora volvía todo a su memoria con nitidez despiadada. Sus fantasmas los había creado ella misma con su capricho y  a partir de ahora, lo reconoció al instante, nunca volverían. Porque Magdalena, por fin, sabía.