Diario de una campesina del siglo
XVIIII
Era de madrugada y toda la familia estábamos preparados para
ir a la ciudad a vender el aceite, que
mi padre había prensado en la Almàssera.
Una vez terminada la faena, nos llamó la
atención un cartel, incluso al menor que tiene 5 años. En aquel cartel había
una señorita joven y bella, y su pelo la blanco le hacía parecer pálida, su
vestido era apretado en la cintura y en la parte de la falda era pomposo. En
sus manos nos ofrecía una botella de jarabe
al lado derecho. Debajo de la botella decía: “jarabes y horchatas”. A
todos se nos salían los ojos de sus orbitas y mis hermanos babeaban, pues en
todo el día no habíamos bebido ni una mísera de gota de agua.
Mi padre al vernos, nos invitó a pasar al
local para tomar una horchata fresca antes de partir. Al salir cogimos el carro para ir a casa. Pero de repente por
el camino mi hermano empezó a enfermar, tosía, le vi muy pálido y cuando toqué
su cabeza parecía que ardiera. A la madrugada cuando estábamos a punto de
llegar, fui a darle un poco de agua a mi hermano pero para mi sorpresa él ya no
respiraba. Mi madre gritaba de dolor
por la perdida al igual que todos nosotros.
En este tiempo era muy común que, los
niños pequeños que son los más frágiles fallecieran a causa de epidemias. Por
eso todas las familias eran numerosas para asegurar la supervivencia. A demás
de cada seis hermanos uno o dos morían. Era muy raro encontrar a una familia
que permaneciera intacto.
9 de mayo de 1810
El taller artesano
Hoy me ha despertado el olor a pan recién
hecho, he bajado las escaleras rápidamente porque estaban tocando a la puerta.
Al abrir vi que eran dos jóvenes que venían a aprender el oficio. Les mande pasar mientras iba a llamar
a mi padre para avistarle de que sus aprendices ya estaban en casa.
Después de hacer los oficios del hogar me
dediqué a observar a mi padre, pues me encanta ver como hace el pan con tanta
facilidad. siempre tiene su cara manchada de Harina.
Durante el resto del día me encargue de
comprobar la cantidad de pan que habían
producido, esa tarea me la encomienda mi padre siempre.
En la tarde mientras yo estaba en casa contando la mercancía, mi
padre estaba en una reunión del gremio. Seguramente para fijar los nuevos
precios y hablar sobre las inspecciones…
Y al final del día, como cada noche,
antes de cenar mi padre y yo horneamos el pan de nuestra cena.
Sin duda algún día me gustaría ser una
gran panadera como lo es mi padre.
24 de febrero de 1811
En contra de los cercamientos
Hemos acudido en masa a la cote de justicia, porque algunos campesinos propietarios de grandes parcelas quieren comprar los terrenos comunales.
Ellos, quieren poner cercas en las tierras comunales de nuestra aldea, con el pretexto de hacer mejorías.
Van a privarnos a los campesinos sin tierra y a todas las personas que tenemos derecho a usarlas del privilegio que gozamos ahora.
Nuestros animales pueden parcer a sus anchas, por estas tierras. Asi podemos mantenernos en medio del invierno. Además nos permte comprar comprar terneros jovenes para engordarlos y venderlos a un precio moderado.
El resultado de los cercamientos será desastroso, nos veremos obligados a emigrar a las ciudades industriales. Allí la dureza del trabajo debilitará a nuestros hijos y será tanto nuestro malestar que desobedeceremos las leyes de Dios y de su país.
24 de febrero de 1811
En contra de los cercamientos
Hemos acudido en masa a la cote de justicia, porque algunos campesinos propietarios de grandes parcelas quieren comprar los terrenos comunales.
Ellos, quieren poner cercas en las tierras comunales de nuestra aldea, con el pretexto de hacer mejorías.
Van a privarnos a los campesinos sin tierra y a todas las personas que tenemos derecho a usarlas del privilegio que gozamos ahora.
Nuestros animales pueden parcer a sus anchas, por estas tierras. Asi podemos mantenernos en medio del invierno. Además nos permte comprar comprar terneros jovenes para engordarlos y venderlos a un precio moderado.
El resultado de los cercamientos será desastroso, nos veremos obligados a emigrar a las ciudades industriales. Allí la dureza del trabajo debilitará a nuestros hijos y será tanto nuestro malestar que desobedeceremos las leyes de Dios y de su país.
23 de septiembre 1811
Los cercamientos
Ha pasado medio año y más de la mitad de la población se ha
quedado sin tierras por los
cercamientos.
Ahora nos toca trabajar a las mujeres con los niños en la industria textíl a domicilio. Cada tres días nos traen las piezas de tejido para hacer la vestimenta de los soldados. Nos pagan unas cuantas monedas por pieza, por eso trabajamos a destajo, cuantas más piezas más dinero. Gracias a estos trabajos a domicilio ha aumentado la población.
28 de octubre 1811
Inventos
Esta mañana he llegado a mi puesto de trabajo y me he desorientado, pues había máquinas trabajando , y gente llorando.
cuando pregunté que sucedía , me dijerón que había un nuevo invento que había quitado el puesto de trabajo a muchos de los que estabamos allí, aquellas máquinas eran cardadoras de lana. Entonces los propietarios ya no necesitaban tanta gente. Al mirar por la ventana vi que tras la puerta de barrotes grandes estaban casi todos los trabajadores afuera y con ellos iba a ir yo tambien.
29 de octubre 1811
Fui a casa después de ser despedida. Al día siguiente volví a la fábrica insistir, le ofrecí al propietario trabajar más horas con tal de que me diera pan para mis hijos . Aquel hombre me dió el trabajo y me dijo que me incorporara a las explicaciones de como manejar las máquinas.
Después de unos minutos, me detuve a ver todo y en una sala solo eramos tres personas, era impresionante ver como aquellas máquinas producían tanto. No se necesitan muchos trabajadores para manejar una de esas máquinas. Hemos perdido tiempo aprendiendo labores con los artesanos, y ahora ¿qué haremos
28 de octubre 1811
Inventos
Esta mañana he llegado a mi puesto de trabajo y me he desorientado, pues había máquinas trabajando , y gente llorando.
cuando pregunté que sucedía , me dijerón que había un nuevo invento que había quitado el puesto de trabajo a muchos de los que estabamos allí, aquellas máquinas eran cardadoras de lana. Entonces los propietarios ya no necesitaban tanta gente. Al mirar por la ventana vi que tras la puerta de barrotes grandes estaban casi todos los trabajadores afuera y con ellos iba a ir yo tambien.
29 de octubre 1811
Fui a casa después de ser despedida. Al día siguiente volví a la fábrica insistir, le ofrecí al propietario trabajar más horas con tal de que me diera pan para mis hijos . Aquel hombre me dió el trabajo y me dijo que me incorporara a las explicaciones de como manejar las máquinas.
Después de unos minutos, me detuve a ver todo y en una sala solo eramos tres personas, era impresionante ver como aquellas máquinas producían tanto. No se necesitan muchos trabajadores para manejar una de esas máquinas. Hemos perdido tiempo aprendiendo labores con los artesanos, y ahora ¿qué haremos
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