miércoles, 4 de abril de 2012

Cuento fantástico Espuma blanca y rumor de caracola

Espuma blanca y rumor de caracola

José Roca Muñoz

Estaba sentado a las siete de la tarde en el bar, en el mismo bar en el que hace un mes había conocido a Mar. Ahora recordaba lo único que quería de ella ¡sólo fue una más de mi larga lista de conquistas! Acababa de cortar con ella, y me sentía bien. No creo que compartiéramos el mismo sentimiento en ese instante. Se le veía ilusionada con la relación. Quizás fui yo quien había provocado esa ilusión, aunque sabía que no llegaríamos a nada, en todo caso ¡No era culpa mía!

Terminé de beberme el último sorbo del chupito de crema de orujo y me levanté de la barra para ir a casa. Después de la dura jornada de trabajo en la oficina me apetecía descansar dentro de buen baño de espuma. Por eso me desvié del habitual camino de vuelta a casa y pasé por la “Body Shop” de la Calle Colón.

Al entrar, la dependienta de la tienda me saludó amablemente:
-Buenas tardes.
Yo también respondí con educación:
-Hola, buenas tardes.
Entonces me di cuenta de que conocía a esa mujer.
-¡Cristina! ¡No te había reconocido! ¡Estás deslumbrante!- le dije.
- Gracias, Sebastián…- me contestó
- ¿Cómo estás?
-Deslumbrante, tú lo has dicho…-añadió en un tono borde y continuó:
-¿Y tú?¿cómo estás? ¿siempre tan ocupado?- Noté su tono, pero no me molesté.
- ¡Fenomenal! Un poco atosigado por el trabajo. Por eso vengo, a por algunos jabones o algo por estilo para darme un baño en condiciones.
-Sí, tú te agobias muy rápido-contestó con una sonrisa resentida en el rostro.

Deseaba que la conversación acabara cuanto antes, porque se había vuelto un poco incómoda y es que le había amado hace tiempo y me había cansado de ella, en apenas unas semanas. ¡Demasiado atenta para mí! Estaba encima de mí porque sabía como triunfaba con las mujeres.
-Bueno ¡tengo prisa! Enséñame algo que pueda llevarme- añadí cambiando de tema.
-Si… Nos han traído productos nuevos, muy interesantes. Tenemos concentrado de Leche de Almendra, manteca de Karité con Pasta Delicia Almendra, Sales exfoliantes Verbena, gel de ducha a la canela revigorizante para cabello y piel, baño espumoso de lavanda y Jalea exfoliante.
-¡Perfecto, me lo llevo todo!
-¿Todo?
-Sí, todo.
-De acuerdo, pues serán… 279,90€.
-Aquí tienes-  Me despedí y retomé el camino hacia mi casa.
Al llegar abrí la verja del jardín, pasé junto al Mercedes azul que me había comprado hace apenas unos días y llegué hasta la puerta. Después de entrar apagué la alarma. A continuación encendí el agua para que fuera calentando el baño y en un par de minutos me metí en la bañera. Apliqué varios productos de los que había comprado ¡me sentía muy a gusto con esos olores maravillosos! ¿lavanda, canela, mandarina, almendras?¡qué sensación de relajación!
Me puse a canturrear la canción que llevaba metida en la cabeza todo el día:
-“Como una ola, tu amor llegó a mi vida,
Como una ola de fuego y de caricias,
De espuma blanca y rumor de caracolas...

Tan bien me sentía que me adormilé un poco, cuando, de pronto, el agua me salpicó la cara. Abrí los ojos y no me lo podía creer ¿una mujer? ¿en mi bañera? ¿no entré yo solo? Entonces me fijé en sus ojos, negros azabache, en sus tentadores labios, su bello rostro, el largo cabello negro recogido con una peineta de caracola y... ¿una cola? Sí, una cola, una cola de sirena. ¡Era una sirena!
Cuando me calmé después de tal sorpresa le hablé:
-¿Cómo puede ser?
-Necesitaba compañía- me contestó la sirena.
-No te conozco, ¡pero eres preciosa! ¡me alegro de que me hayas encontrado!
-He notado tu presencia y me has atraído, por eso he venido a por ti-dijo mientras me rodeaba con sus brazos y colocaba sus manos en torno a mi cuello.

Inmediatamente ¡sentí ganas de besarla! Y lo hice, mejor dicho lo intenté porque en ese momento empujó mi cuerpo hacia abajo y nos sumergimos. De repente me encontré bajo el mar, con ella, abrazados, nadando en un increíble coral, lleno de vivos colores, y de peces de todo tipo.
-Quédate aquí conmigo- me susurró la sirena.
-¡No puedo!
-¡vamos! ¡quédate! ¡ seremos felices juntos! ¡para siempre! ¡para siempre!-insistía abrazándome.
-¡No, no, no puedo!- repetía yo, intentando librarme de ella.

La sirena me gustaba, ¡me gustaba mucho! Pero también me agobiaba estar siempre atento y enamorado. De pronto sentí que me ahogaba, y ella insistía:
-¡quédate conmigo! ¡quédate conmigo!
-¡Te he dicho que no!-grité y tragué agua.
-¡te quiero y eres mío! -¡te quiero y eres mío!-le oía decir una y otra vez.
-¡No, No, No! ¡déjame volver!-chillé, apunto de ahogarme.

Entonces me desperté jadeando y miré a mi alrededor.
La bañera se había desbordado. La espuma cubría el suelo del cuarto de baño. Estaba solo. Miré el reloj. ¡Tan sólo habían pasado unos minutos!¡Uf!... ¡Todo había sido un sueño!
Cuando vacié la bañera, encontré una peineta de caracola.

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