Espuma blanca y rumor de caracola
José Roca Muñoz
Estaba sentado a las siete de la tarde en el bar, en el
mismo bar en el que hace un mes había conocido a Mar. Ahora recordaba lo único
que quería de ella ¡sólo fue una más de mi larga lista de conquistas! Acababa
de cortar con ella, y me sentía bien. No creo que compartiéramos el mismo
sentimiento en ese instante. Se le veía ilusionada con la relación. Quizás fui
yo quien había provocado esa ilusión, aunque sabía que no llegaríamos a nada,
en todo caso ¡No era culpa mía!
Terminé de beberme el último sorbo del chupito de crema de
orujo y me levanté de la barra para ir a casa. Después de la dura jornada de
trabajo en la oficina me apetecía descansar dentro de buen baño de espuma. Por
eso me desvié del habitual camino de vuelta a casa y pasé por la “Body Shop” de
la Calle Colón.
Al entrar, la dependienta de la tienda me saludó
amablemente:
-Buenas tardes.
Yo también respondí con educación:
-Hola, buenas tardes.
Entonces me di cuenta de que
conocía a esa mujer.
-¡Cristina! ¡No te había
reconocido! ¡Estás deslumbrante!- le dije.
- Gracias, Sebastián…- me contestó
- ¿Cómo estás?
-Deslumbrante, tú lo has
dicho…-añadió en un tono borde y continuó:
-¿Y tú?¿cómo estás? ¿siempre tan
ocupado?- Noté su tono, pero no me molesté.
- ¡Fenomenal! Un poco atosigado por
el trabajo. Por eso vengo, a por algunos jabones o algo por estilo para darme
un baño en condiciones.
-Sí, tú te agobias muy
rápido-contestó con una sonrisa resentida en el rostro.
Deseaba que la conversación acabara cuanto antes, porque se
había vuelto un poco incómoda y es que le había amado hace tiempo y me había
cansado de ella, en apenas unas semanas. ¡Demasiado atenta para mí! Estaba
encima de mí porque sabía como triunfaba con las mujeres.
-Bueno ¡tengo prisa! Enséñame algo
que pueda llevarme- añadí cambiando de tema.
-Si… Nos han traído productos
nuevos, muy interesantes. Tenemos concentrado de Leche de Almendra, manteca de
Karité con Pasta Delicia Almendra, Sales exfoliantes Verbena, gel de ducha a la
canela revigorizante para cabello y piel, baño espumoso de lavanda y Jalea
exfoliante.
-¡Perfecto, me lo llevo todo!
-¿Todo?
-Sí, todo.
-De acuerdo, pues serán… 279,90€.
-Aquí tienes- Me despedí y retomé el camino hacia mi casa.
Al llegar abrí la verja del jardín, pasé junto al Mercedes
azul que me había comprado hace apenas unos días y llegué hasta la puerta.
Después de entrar apagué la alarma. A continuación encendí el agua para que
fuera calentando el baño y en un par de minutos me metí en la bañera. Apliqué
varios productos de los que había comprado ¡me sentía muy a gusto con esos
olores maravillosos! ¿lavanda, canela, mandarina, almendras?¡qué sensación de
relajación!
Me puse a canturrear la canción que llevaba metida en la cabeza todo el día:
-“Como una ola, tu amor llegó a mi vida,
Como una ola de fuego y de caricias,
De espuma blanca y rumor de caracolas...
Tan bien me sentía que me adormilé un poco, cuando, de
pronto, el agua me salpicó la cara. Abrí los ojos y no me lo podía creer ¿una
mujer? ¿en mi bañera? ¿no entré yo solo? Entonces me fijé en sus ojos, negros
azabache, en sus tentadores labios, su bello rostro, el largo cabello negro
recogido con una peineta de caracola y... ¿una cola? Sí, una cola, una cola de
sirena. ¡Era una sirena!
Cuando me calmé después de tal sorpresa le hablé:
-¿Cómo puede ser?
-Necesitaba compañía- me contestó
la sirena.
-No te conozco, ¡pero eres
preciosa! ¡me alegro de que me hayas encontrado!
-He notado tu presencia y me has
atraído, por eso he venido a por ti-dijo mientras me rodeaba con sus brazos y
colocaba sus manos en torno a mi cuello.
Inmediatamente ¡sentí ganas de besarla! Y lo hice, mejor
dicho lo intenté porque en ese momento empujó mi cuerpo hacia abajo y nos
sumergimos. De repente me encontré bajo el mar, con ella, abrazados, nadando en
un increíble coral, lleno de vivos colores, y de peces de todo tipo.
-Quédate aquí conmigo- me susurró la sirena.
-¡No puedo!
-¡vamos! ¡quédate! ¡ seremos felices juntos! ¡para siempre!
¡para siempre!-insistía abrazándome.
-¡No, no, no puedo!- repetía yo, intentando librarme de
ella.
La sirena me gustaba, ¡me gustaba mucho! Pero también me
agobiaba estar siempre atento y enamorado. De pronto sentí que me ahogaba, y
ella insistía:
-¡quédate conmigo! ¡quédate conmigo!
-¡Te he dicho que no!-grité y
tragué agua.
-¡te quiero y eres mío! -¡te quiero y eres mío!-le oía decir
una y otra vez.
-¡No, No, No! ¡déjame volver!-chillé, apunto de ahogarme.
Entonces me desperté jadeando y miré a mi alrededor.
La bañera se había desbordado. La espuma cubría el suelo del
cuarto de baño. Estaba solo. Miré el reloj. ¡Tan sólo habían pasado unos
minutos!¡Uf!... ¡Todo había sido un sueño!
Cuando vacié la bañera, encontré una peineta de caracola.
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