El niño de Galicia
Lidia Cores
Estaba
nervioso, porque venía mi prima a la leira y por eso pregunté mas de mil veces
cuando llegaría
-Mamá, ¿no
viene Alicia?
-Hijo pronto
vendrá, un poquito de paciencia.
-Pero, ¿por qué
tarda tanto?- A la vez que respondía vi que mi prima entraba por la puerta.
-Hola enano -
Me dijo muy contenta.
-Hola - Le
conteste tímidamente, me quedé parado, era tal y como la recordaba, tenía un
pelo largo y negro, con unos ojos de color marrón como el chocolate, caminaba
de forma distinta a las demás chicas enérgica y segura. Se acercó a mi mama y
la abrazó. Después me besó a mi y cogiéndome de la mano me propuso:
-Enano,
¿quieres que nos vayamos al parque?
-Sí, ¿nos
llevamos los petardos? - pregunté con picardía porque hace tiempo, me había
traido chinitos y me habían gustado.
-Vale, pero ya
sabes que solo dos cajas de chinos para empezar. –Me contestó.
-¿Chinos otra
vez? ¡Y además quiero darles a mis amigos del parque!.
-ValeDani, pero
sólo dos cajas. –Insistió ella
-¡Quiero
llevarme más! ¡Quiero llevarme más! –grite enfadado.
-¡No Dani! ¡se
acabó! ¡no hay más que discutir! ¡ahora no tendrás ninguno! Me voy a buscar
moras.
Cuando se hizo
de noche y mi prima no había vuelto, mi mami y yo nos asustamos me sentía
culpable de haberla enfadado, así que fuimos a buscarla.
A las dos horas
la encontramos, con muchísimo esfuerzo conseguimos sacarla de una zarza donde
se había quedado atrapada, tenía el cuerpo magullado y lleno de arañazos. ¡Mi
pobre prima!
-¡No sé que ha
pasado! estaba recogiendo moras y de repente me vi atrapada. -contó Alicia aun
muy confusa.
Nos fuimos a la
leira, mi mamá hizo que se desinfectara las heridas, que eran muchas.
Esa noche
estaba muy tranquilo por haber encontrado a mi querida prima y me puse a jugar contento,
con una excavadora amarilla de dos palas. De pronto apareció en la puerta mi
otra prima, María, la gallega, ellas dos no se veían desde hacia dos años.
Alicia se lanzó a abrazarla, gritaban de alegría.
-¿Salimos de
fiesta esta noche? -dijeron a la vez.
Agarradas del
brazo se marcharon y ¡me ignoraron por completo! Mi prima se ha
había largado y me había dejado solo y pensé:
-¡quiero ir con ella! ¡es una bruja! ¡ya no
la quiero! -
De pronto se escuchó el ruido de la llave, entraban por la puerta.
Volvían a casa porque había empezado a llover con mucha intensidad. Entonces me
di cuenta que cada vez que yo lloraba a Alicia le pasaba algo malo y si me
ponía alegre, le sonreía la fortuna.
Llegó el último
día y yo no quería que se fuera.
-Dani me tengo
que ir a Valencia, pero nos volveremos a ver el año que viene –me soltó
complaciente.
-No, no quiero
que te vayas quédate, quédate, quédate- sabía que aquella escena podría acabar
muy mal, pero no podía detenerme.
-Dani, no
puedo, tengo que volver. – me dijo intentando tranquilizarme sin conseguirlo.
- No te vayas,
te odio, te odio- gritaba descompuesto.
De repente noté
como el suelo se movía, oí a mi mamá y a Alicia que me decían:
-Dani ven aquí
ya, hay que protegerse. Es un terremoto –
Sabía que tenía
que calmarme pero me era imposible, porque cada vez me agitaba más. Me sacaron
de la casa unos segundos antes de que se desplomase. ¡Nos salvamos de milagro!
Cuando por fin me tranquilicé el suelo
dejó de vibrar. Las dos me miraron y comprendieron entonces el poder que yo tenía. Alicia se fue sin
mirarme siquiera y nunca más volvió. Aunque ya no me enfado com antes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario